Manos Unidas Valencia impulsa un proyecto para formar a 400 familias campesinas en Haití

LogomanosunidasLa iniciativa mejorará su seguridad alimentaria

La delegación de Manos Unidas en Valencia impulsa en Haití un proyecto de formación destinado a 400 campesinas para enseñarles técnicas de cosecha y de preparación de semillas con el objetivo de reducir la inseguridad alimentaria de las familias campesinas.

Las campesinas que recibirán la formación son “mujeres que están al frente de familias monoparentales en su mayoría, que pertenecen a asociaciones campesinas y afrontan una realidad marcada por la pobreza extrema, la inseguridad alimentaria y la ausencia de apoyo por parte de autoridades públicas”, según Manos Unidas Valencia.

El proyecto se llevará a cabo en la zona denominada Petit Rivière de l´Artibonite, “castigada por la deforestación y por la degradación del entorno debido al uso incontrolado de productos químicos, la mala gestión de residuos y la existencia de una mina de arena en el norte, lo que produce un incremento continuo de la inseguridad alimentaria y la degradación medioambiental”.

El Centre de Recherche et Action pour Developpement (CRAD) es el socio local de Manos Unidas en este proyecto, una entidad que trabaja en la región desde 1983, con una relación directa con las organizaciones campesinas, asesorando y buscando soluciones para las demandas existentes.

Asimismo, el proyecto “proporcionará encuentros de formación y enseñanzas en técnicas de producción biológica, visitas de intercambio de campesinas, preparación del suelo y puesta en marcha de parcelas experimentales”, han añadido.

Incluye también la adquisición de materiales y equipos agrícolas, el mantenimiento de parcelas, la compra e instalación de 12 silos, formación para su uso, fondo de crédito de semillas locales, reuniones de evaluación con beneficiarios y organizaciones comunitarias.

Manos Unidas aportará el 96,2% del presupuesto que se distribuirá en gasto de equipos (semillas y herramientas para plantío), personal sobre el terreno (técnicos agrícolas y monitores) y gastos de viajes y funcionamiento.

El resto de presupuesto es aportado por la entidad local y corresponde a la infraestructuras para la formación y parcela experimental.

Con las nuevas prácticas agrícolas y con la creación de un banco de semillas comunitario se espera “una mejora en la producción y en el rendimiento de las cosechas”, según las mismas fuentes.

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