El MuVIM recuerda los 60 años de la riuà con una exposición de más de 200 piezas, muchas de ellas inéditas

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La inundación que arrasó Valencia en 1957 provocó innumerables daños, tanto personales como patrimoniales. El Turia se desbordó en dos ocasiones a su paso por la ciudad y provocó la muerte de 81 personas y destrozos materiales valorados entre diez y dieciséis millones de pesetas de la época. 60 años después, de todo eso — de las pérdidas personales y de las materiales— tratan las dos exposiciones que, de forma conjunta, el MuVIM y el Museo de la Ciudad han programado para este verano.

Agua, barro y silencios

El MuVIM ha inaugurado hoy la muestra «Aigua, fang, silencis», que será visitable hasta el día 14 de octubre, cuando se cumple el 61 aniversario de aquel día en el que los ciudadanos sufrieron el efecto devastador del desbordamiento del rio Turia y cuando las alcantarillas actuaron como surtidores en algunos puntos de la ciudad al funcionar como vasos comunicantes en sentido inverso, es decir, del río a la ciudad. «No es que fuera la primera gran riada que sufría la ciudad, hay documentadas muchas, pero fue la más agresiva de todas», ha destacado el diputado de Cultura de la Diputación de València, Xavier Rius.

 

Los visitantes podrán descubrir más de 200 piezas entre planos, fotos, muebles, objetos de todo tipo y recreaciones visuales de lo sucedido en los dos o tres días más inmediatos al suceso. Entre esas piezas hay muchos documentos inéditos, como una fotografía aérea del cauce del rio Turia de gran calidad; una interpretación visual de cómo fue exactamente el itinerario real de la crecida del rio; o un mapa de asignación de zonas de trabajo por parte del general Gómez Guillamont, perteneciente al Fondo de Capitanía General.

 

Además del responsable del área de Cultura de la Corporación provincial, a la inauguración han asistido la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Valencia, Gloria Tello; el jefe del área de Reclutamiento y encargado de la exposición por parte del Ministerio de Defensa, el coronel Juan de la Puerta; el director del MuVIM, Rafael Company; y los dos comisarios: Joan Mateu, catedrático de la Universitat de València, y Juan Marco, catedrático de la Universitat Politècnica de la València.

Un proyecto conjunto

Y es que «Aigua, fangs i silencis» forma parte de un proyecto más amplio de colaboración entre tres administraciones —la Diputación, el Ayuntamiento y el Ministerio de Defensa— que, bajo  el título conjunto de «La riuà 60 anys després», quiere hacer una relectura de «un capítulo de nuestra historia que afectó a ciudadanos que en aquellos momentos vivían en la pobreza y en cabañas en situación penosa, porque aquella riada acabó con muchas vida anónimas”, como ha explicado Rius.

Junto a la muestra del MuVIM se ha inaugurado hoy una segunda parte titulada «La vulnerabilitat del patrimoni» en el Museu de la Ciutat; y el 3 de julio el Museo Militar abrirá una sección en su exposición permanente dedicada a la «batalla del barro» que se libró días depués del desastre. El coronel Juan Puerta ha recordado cómo el Ayuntamiento se vio obligado a llamar al Ejército «al darse cuenta de que no estaba capacitado para liderar semejante empresa». Y ha matizado que el tiempo necesario para restablecer la normalidad se fijó en ocho meses, «pero conseguimos reducirlo a 5 semanas».

Las cifras de la catástrofe

Y es que los militares fueron los protagonistas de lo que se llamó «La batalla del barro». «Cuando las aguas bajaron, la ciudad estaba cubierta de barro y no tenía ni luz ni agua potable», ha explicado el coronel Puerta, quien ha puesto cifras a la catástrofe, detallando que acudieron 3.000 militares con 400 vehículos y maquinaria, que había un millón de toneladas de barro, que se rescataron 56 personas con vida y se proporcionaron 1.800 kilos de víveres, que se acomodaron a 800 personas en su base de Manises, que se construyeron 100 barracones para más de 400 familias sin hogar y que 5.000 ciudadanos del barrio de Nazaret fueron alojados en la base naval, entre otros muchos datos.

La concejal de Cultura, Gloria Tello, ha llamado la atención sobre el hecho de que fue después de la riada cuando «Valencia dejó de ser la gran silenciada, aunque reclamamos aún hoy una financiación justa, tal y como los valencianos merecemo». Por su parte, el comisario y catedrático de la Universitat de València, Juan Mateu, ha señalado que todos conocemos la fecha del desastre, pero que es difícil «decir cuándo terminó: aún siguen apareciendo documentos y archivos que nunca se han visto sobre lo que sucedió» y ha hecho referencia a una de las piezas claves de esta exposición: la foto tomada dos días después de la riada por el Ministerio del Aire: una foto a escala 1:6000 «que tiene tanta calidad que permite ver a los presos que estaban en ese momento paseando en el patio de la cárcel».

En «La vulnerabilitat del patrimoni», la muestra que se exhibe al unísono en el Museo de la Ciudad, se muestran por primera vez los daños patrimoniales que causó la riada, visibilizando los efectos tanto en monumentos como en parques y otras zonas públicas, como la Glorieta o la Alameda. Pero también en zonas como los poblados marítimos «con casas totalmente derruidas y barriadas borradas del mapa», han comentado desde la universidad.

La muestra exhibe además numerosos archivos, fondos y colecciones de arte deteriorados o destruidos, como los fondos públicos de entidades privadas como Bancaja. O los fondos archivísticos de Gobierno Civil o del archivo de la Biblioteca Histórico Municipal, en el que habían más de 4.000 libros de más de 400 años que acabaron destruidos.

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