Rajoy: “Vamos a superar el desafío separatista con serenidad y con toda la fuerza de nuestra Democracia”

 

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El presidente del Gobierno y del Partido Popular , Mariano Rajoy clausuró la reunión de presidentes provinciales del PP en Palma de Mallorca y lo hace hablando de España.

España es una gran nación, nosotros -conviene recordar de cuando en cuando-, supimos pasar de una dictadura a una democracia de una manera ejemplar. Nosotros fuimos capaces, entre todos –repito-, entre todos, Unión de Centro Democrático, Alianza Popular, PartidoSocialista, Convergencia, etc. de aprobar una Constitución, que son nuestras
normas de convivencia; y como son nuestras normas de convivencia, por un
problema el sentido común, conviene que las respetemos todos.Porque esas normas de convivencia garantizan, entre otras cosas, nuestrosderechos y nuestras libertades. Garantiza la libertad de todos y la igualdad de todos ante la Ley. Garantiza la soberanía nacional, eso significa que para decidir lo que se hace con España opinan todos los españoles y no solo unaparte. Eso es la soberanía nacional. Y lo que también dice nuestra Constitución es que esto es un Estado de Derecho. Eso significa que todos estamos sometidos a la Ley; y si eso no fuera así, si esto no fuera un Estado de Derecho, caeríamos en la arbitrariedad, en la injusticia, en la disputa, en el triunfo del más fuerte y,
desde luego, no habría ni derechos, ni obligaciones, ni garantías. Eso es lo que significa la ley. Y la Ley nos obliga a todos, no solo a unos cuantos. Y cuando no se cumple la Ley, tendrá que actuar el Estado, que para eso está. Conviene no olvidarlo. Esto es así en España y en absolutamente todos los países del mundo. El respeto a la Ley. Supimos aprobar una constitución. Por cierto, la constitución con el mayor nivel de autogobierno de la historia de España. Nunca hubo en España un nivel de autogobierno como el que generó la Constitución de 1977, donde lo que es el Gobierno central, que yo presido, no gasta ni el 20% del gasto público total español.

España ha sido capaz de crear un sistema de bienestar que casi nadie tiene en el mundo, algunos países europeos. El sistema español de educación, de pensiones, de sanidad, de servicios sociales, de atención al desempleo, de rentas de inserción…eso existe en muy pocos países del mundo. A veces, no nos damos cuenta. Algunos se dan, pero prefieren que esto no se sepa o no se recuerde. Esto es muy importante. Somos la 12ª potencia económica del mundo. Recientemente hemos sido capaces de superar una situación
económica dramática, hemos superado un rescate. Tenemos empresas exportadoras como pocos países tienen en el mundo, empresas que son capaces de invertir en todas partes. Somos la tercera potencia turística en el mundo. Somos una gran nación y, sin duda, hay cosas que mejorar. Siempre hay que mejorar. Pero si hacemos un balance equilibrado de nuestra vida en común, tenemos motivos muy fundados para sentirnos satisfechos.Pero es que, además, España es una democracia admirable. Y conviene
afirmarlo y recordarlo. Tenemos unas de las sociedades más tolerantes de Europa. Todo el mundo lo dice. Y se admira de que aquí no hayan surgido brotes de racismo o xenofobia. Vivimos nuestra diversidad en paz, con armonía y sin miedos. No nos da ningún miedo la pluralidad. Aquí se puede pensar lo que se quiera. Todo el mundo puede pensar lo que quiera, votar a quien quiera, rezar lo que quiera y hablar en el idioma que quiera. Se puede ser de derechas o de izquierdas, nacionalista o no, se puede ser independentista e incluso antisistema. Todo eso lo ampara la democracia
española.Y la libertad de expresión ampara, incluso, muchas tonterías que escuchamos últimamente como que en España hay presos políticos. Brillante afirmación de un brillante portavoz del Congreso. Es una enorme falsedad, pero lo puede decir incluso un portavoz del grupo parlamentario del Congreso de los Diputados, porque aquí hay libertad de expresión.

Queridos amigos, en España se vive en libertad. Por tanto, cada cual puede pensar como quiera y defender las ideas que quiera. Lo que no se puede hacer es imponer tus ideas a los demás. No te pueden imponer ser nacionalista, ni antisistema, ni independentista, del mismo modo que no te pueden obligar a abrazar una religión. No se pueden imponer una lengua ni un régimen político, ni obligar a desobedecer la Ley. Y esta es la clave de lo
que estamos viviendo estos días.

Si unas personas radicalizadas hasta límites insospechados pueden, saltándose todas las leyes, imponer a la brava su voluntad a los demás. Esta es la cuestión que estamos debatiendo en este momento en nuestro país. Hay quienes dicen que los demás, -yo, por ejemplo-, hablamos mucho de la Ley y de su cumplimiento. Que hay que dejar de hablar de la Ley y aquí de lo que se trata es de hace política. Creo que hay que hacer política,
efectivamente, llevo en esto unos cuantos años y me gustaría estar algunos más, pero la política y la Ley no son incompatibles. Al contrario. La política hay que hacerla dentro de la Ley. Y cuando se burla la Ley, o se pisotea, o uno se la salta, estamos instalados en la injusticia, en la arbitrariedad, en la ley del más fuerte y en la privación de los derechos de los demás.

Cuando uno organiza un referéndum para decidir sobre un país y solo votan unos, están privando a los demás del derecho a decidir lo que quieren que sea su país, y eso es lo que ya he dicho antes: la soberanía nacional. Cuando hace lo que se hizo en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre, cuando en pocas horas se liquida una constitución que lleva 40 años en vigor, se liquida en Estatuto de Autonomía de Cataluña y se aprueba una nueva constitución que es la Ley de Transitoriedad, no está liquidando la Ley, que por supuesto, está liquidando los derechos de todos los ciudadanos. Y eso es inaceptable.

Queridos amigos, no quiero extenderme en demasía. He explicado muchas veces mi posición, que creo que es la de la inmensa mayoría de la gente, sea cual sea su forma de pensar e incluso de ver la vida, pero me gustaría deciros algunas cosas.

No va a haber referéndum. No va ha haber referéndum porque ninguna democracia del mundo, ninguna, puede aceptar que se liquide la Constitución y las normas de convivencia que se dieron ni que se liquide la soberanía nacional. Ninguna. No hay ninguna democracia en el mundo que pueda aceptar esto. Sus organizadores lo saben, lo sabían desde hace mucho tiempo, porque yo se lo dije. Pero ni siquiera era necesario que yo se lo dijera, sabían que no podía haber referéndum. Aun así se mantienen en sus trece, son los responsables de lo que está sucediendo.

Hoy saben además, porque lo saben, que el Estado de Derecho ya impidió el referéndum. Lo saben, son plenamente conscientes. Ayer dimitió la Junta Electoral, para no pagar las multas que decidió el Tribunal Constitucional. No puede haber un referéndum sin organización y sin Junta Electoral. Podrá haber otra cosa, pero una situación como ésta procede hacer una vez más el sentido común. Lo más sensato, razonable y democrático es parar. Parar. Digan que no hay el referéndum que saben que no va a haber. Poner fin a esta situación. Terminar con los acosos a alcaldes y concejales. Terminar con las manifestaciones ante los juzgados para amedrentar a los jueces. En una democracia no es de recibo que quien preside el Parlamento se manifieste delante de la más instancia judicial.

Deben terminar con las coacciones a los medios de comunicación que no piensan como ellos, con la manipulación de los niños, con el intento de impedir el trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y, sobre todo, deben terminar con el absoluto desprecio a la Ley.

Realmente mantener esto solo provoca el ridículo y, con absoluta franqueza, una tensión innecesaria en la sociedad. Dejen de acosar a la gente y vuelvan al camino de la Ley y la convivencia, de donde nunca debieron haber salido. Esta deriva radical lo único que hace es daño a los catalanes y al resto de los españoles.

Aquí en España disfrutamos de una democracia amable y tolerante. Una democracia que nos ha dado nuestra mayor etapa de bienestar y convivencia. Una democracia que nos ampara a todos, incluso a los independentistas, que pueden serlo en esta democracia. Conviene no equivocarse, lo único que no ampara nuestra democracia es el delito, la desobediencia o el abuso. Eso no lo puede amparar, ni la nuestra ni ninguna en el mundo. Y esa es la línea roja que ni España ni ningún país del mundo puede tolerar.

Queridos amigas y amigos, saltarse la Ley a la brava no es hacer política. Nuestra Constitución garantiza un estado social y democrático de derecho, y aquí priman los valores de la libertad, la justicia, el pluralismo y la igualdad de todos ante la Ley. Por eso, la Ley en España se aplica con todas las garantías con toda la igualdad para todos y sin excepción.

Gracias a eso, en los últimos 40 años España ha mejorado -y mucho- como país. Durante estos años la Ley ha sido y es el instrumento para nuestra convivencia en libertad. Y con la Ley y desde la Ley hemos logrado administrar todas las discrepancias de la mejor manera posible. Y con la Ley y desde la Ley, el Estado de Derecho ha protegido a todos. Especialmente a los más débiles frente al poder. Y la Ley no como algo frío y distante, la Ley es la norma democrática con la que se articulan las reglas de juego que garantizan la concordia y la convivencia en paz. Eso es la Ley. La Ley es la expresión de la voluntad popular, no es una imposición arbitraria de un poder ajeno a la gente, como algunos pretenden contarnos. Y hoy a lo que nos enfrentamos es un golpe a la legalidad desde la
arbitrariedad. Y todo lo demás es historia y yo os digo que vamos a superar  este desafío con toda la fuerza de nuestra democracia, con serenidad, con la experiencia compartida de haber salido juntos de muchos momentos de enorme dificultad.

En manos de quienes han puesto en marcha esta dinámica está la vuelta a la normalidad, la vuelta a la tranquilidad, la vuelta a la Ley y a la política de verdad. No a la política contra la Ley

 

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