MIRADAS, SUSURROS Y SECRETOS (4) por Gustavo Marinaro…La historia de un país resumida en una joya……..

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La Corona Imperial del Estado Británico es una joya de inestimable valor dentro de la Colección Real. El término “corona imperial” se remonta al Siglo XV cuando los monarcas ingleses eligieron un diseño de corona cerrada por arcos en señal de que la nación no estaba sujeta a ningún otro poder terrenal. Hasta que la princesa Victoria de Hannover (1819-1901) accediera al trono 1838 se utilizaba la corona de San Eduardo -creada en 1661 para la coronación de Carlos II- pero por pesar casi 2Kg se encargó a los joyeros de la corona Garrad & Co. la realización de una las coronas más imponentes de la realeza europea. Diseñada y realizada en los talleres de Rundell Bridge & Rundell, más allá del valor extrínseco por las piedras preciosas que la conforman detenta una profunda simbología vinculada a la historia de Inglaterra. Realizada en oro, platino y plata está formada por un círculo calado sobre el que se asientan cuatro flores de lis y cuatro cruces partidas. Desde estas últimas se desprenden sendos arcos con diseño de bellotas y hojas de roble que en la intersección dan lugar al orbe-engarzado en brillantes- sobre el que se asienta una cruz partida con el zafiro de San Eduardo. Con un peso de 0,91Kg, y una altura de 31,50cm posee 2868 diamantes, 273 perlas, 17 zafiros, 11 esmeraldas y 5 rubíes. Algunas de las piedras preciosas que conforman esta joya poseen una historia propia que merece ser contada pues constituyen una porción de la historia de la nación. El “rubí del Príncipe Negro” con 175 quilates, ubicado en el centro de la cruz frontal, el zafiro “Estuardo” de 104 quilates y las perlas de Isabel I, situadas en la intersección de las coronas; sin embargo la gema más imponente es el diamante Cullinan II con 317,40 quilates. Modificada en 1937 para la coronación del rey Jorge VI, es utilizada por los soberanos en el momento de la unción en combinación con la corona de San Eduardo y las otras joyas propias de la ceremonia. Actualmente la reina Isabel II la utiliza en la ceremonia de Apertura del Parlamento. Custodiada desde el Siglo XIV por los famosos Beefeaters se conserva bajo la máxima seguridad con las demás Joyas de la Corona en la Torre de Londres y conserva para ella el secreto de la mayor parte de la Dinastías que reinaron, la de Plantagenet con el “rubí del príncipe negro”, la de Estuardo con el zafiro del mismo nombre, la de Wessex con el zafiro de San Eduardo considerado el último monarca de esta Casa. Ostenta la perlas de Isabel I de la Dinastía Tudor y fue creada para la Reina Victoria de la Casa Hannover. El rey Eduardo VII hijo y sucesor de la anterior y perteneciente a la Casa Sajonia-Coburgo-Gotha le agregó el diamante Cullinan II. Utilizada por su hijo Jorge V en el día de su coronación en 1911, cambió el apellido alemán en 1917 por el de Windsor, actual dinastía reinante.

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Retrato de la reina Victoria en el día de su coronación. En él se aprecia el diseño original de la Corona. El “rubí del Príncipe Negro”, que en realidad es una espinela pulida de 5cm y 170 quilates, posee una historia con data del Siglo XIV cuando formaba parte del tesoro de los monarcas nazaríes de Granada. Depositado en el Monasterio de Santa María la Real de Nájera, Pedro I de Castilla se la ofreció a Eduardo Woodstock de la Casa Plantagenet -príncipe de Gales más conocido como el “príncipe negro por el color de su armadura”- en agradecimiento por su apoyo en la Batalla de Nájera en 1367. Como parte del tesoro inglés el rey Enrique V la hizo engarzar en su yelmo, Ricardo III la llevaba en el suyo en la Batalla Bosworth en 1845 en la que perdió la vida. Enrique VII y su hijo la utilizaron en la corona pero ante la crisis monárquica de 1649 fue vendida. Sin embargo el comprador anónimo la hizo llegar al rey Carlos II, perteneciendo desde entonces a la Casa Real Inglesa. Posee un orificio que seguramente permitía utilizarlo como colgante.

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El zafiro Estuardo de 104 quilates originalmente estaba engarzado por debajo del “rubí del Príncipe Negro”. En 1909 durante el reinado de Eduardo VII fue cambiado a la parte posterior de la corona para dar lugar al Cullinan II de 317 quilates. Con una incierta historia temprana, se estima que perteneció a Carlos II de la Casa Estuardo y que su sucesor Jacobo II lo llevó consigo cuando huyó a Francia en 1688. La joya permaneció en la familia hasta que Enrique Benedicto Estuardo -duque de York, Cardenal de la Santa Iglesia Roma y pretendiente al trono lo vendió con otras joyas hasta que el rey Jorge III lo compró en 1807. El zafiro de San Eduardo, ubicado en el centro de la cruz que está en el orbe de la corona es de forma octogonal y es la joya más antigua de la colección real. Se cree que estuvo engarzado en el anillo de Eduardo el Confesor (c.1003.5-1066) conocido más tarde como San Eduardo, ocupó el trono de Inglaterra en 1042 y fue enterrado con la joya. Cuando en 1163 el cuerpo fue reubicado en la Abadía de Westminster se recuperó el anillo. Se estima que Carlos II lo hizo retallar después de la restauración de la monarquía y fue la reina Victoria quien dispuso su actual ubicación.

El diamante Cullinan II que debe su nombre a Sir Thomas Cullinan, propietario de las Mina Premier Diamond Mining Company , próximas a Pretoria en África donde fue hallado en 1905. En bruto poseía 3106 quilates y como ningún particular pudo comprarlo lo adquirió el gobierno de Transvaal que lo obsequió al rey Eduardo VII en ocasión de su sexagésimo cumpleaños. El monarca encargó tallarlo y como resultado se obtuvieron 105 fragmentos que fueron denominados según su peso. El Cullinan II o Segunda Estrella de África con 317.40 quilates en talla cojín compite en pureza y brillo con el Cullinan I o Primera Estrella de África con 530.2 quilates engarzado en el cetro. Los restantes de mayor importancia hasta el Cullinan IX se hallan en poder de la actual reina

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Como cada año la corona Imperial del Estado Británico es transportada desde la Torre de Londres al Palacio de Westminster para la apertura del Parlamento. La reina llega al Parlamento en una carroza tirada por caballos y después de acceder por la “Entrada del Soberano” en la Robing Chamber le colocan la toga y la corona. Después de entrar en la Cámara de los Lores ocupa su sitio en el trono y da comienzo a la ceremonia. En la imagen se pueden apreciar las perlas de Isabel I -de la Casa Tudor- ubicadas en la intersección de las coronas

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Primer plano de la reina Isabel II con la Corona imperial del Estado Británico en la ceremonia anual de apertura del Parlamento.

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