La mirada personal de Roberto Gomez Alabajos….AUTONOMIA EN LAS FALLAS

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Dos meses después del final de las Fallas del 2017, empezamos ya a poner en marcha un nuevo ejercicio fallero con las ganas e ilusión renovadas. Una vez formadas las nuevas Juntas Directivas de cada comisión, sobre todo en lo que corresponde a las Presidencias de cada una de ellas, llega el momento de ir conociendo a sus máximos representantes (FFMM y Presidente Infantil). También es el momento de elegir al artista fallero y a su boceto correspondiente del monumento que veremos plantado en la Semana Fallera del próximo año 2018.

Un esperado acontecimiento que se repite año tras año es la Preselección de Cortes de Honor y FFMM, tanto en Valencia capital, como en el resto de las poblaciones o municipios, que vertebran nuestra Comunidad Valenciana. Dichas máximas representaciones son la imagen de una ciudad o un pueblo, que forma parte de una organización fallera encargada de organizar a su vez los principales actos falleros.

La Junta Central Fallera es el organismo que regula y coordina la fiesta de las fallas tanto en la ciudad de Valencia con las comisiones de cada falla, así como con las Juntas de Distrito. También coordina las diferentes Juntas Locales Falleras en las diversas poblaciones donde se celebra esta fiesta.

Como todos los años, dichas Juntas Locales sufren cambios y se renuevan en más o menos importancia según sea el caso, bien por un cambio natural propio en las fallas o bien por motivos políticos o cambios de gobiernos municipales, ya que dichos entes suelen estar bajo la tutela de los Ayuntamientos correspondientes. En estos casos el Presidente Nato suele ser el Alcalde y su Vicepresidente el Concejal de Fiestas y Fallas correspondiente.

Puntualmente surge el debate de la conveniencia o no de dejar de ser un OAM (Organismo Autónomo Municipal), o de pasar a convertirse en una Federación de Fallas, con independencia y con unos órganos de gobierno propios.

Yo personalmente siempre he defendido esta segunda opción, la de no depender de la administración en materia organizativa y en lo que respecta a la reglamentación interna, ya que por desgracia en lo económico es prácticamente imposible. Aún así, poner en marcha una Federación es muy costoso, ya que depende sobre todo de que todas las Fallas se unan y que también los falleros de cada comisión se impliquen más en este proyecto.

Esta implicación conlleva decidir qué y cómo se quiere hacer y organizar la fiesta fallera, aportar gente a dicha Federación implicada en este proyecto y también con cierto nivel de conocimientos falleros. Si se desea funcionar como se hace en algunas de las poblaciones, como por ejemplo Burriana, Sagunto o Gandía, esto supondría ser los encargados de poner unas normas en las fallas a través de un Reglamento Fallero aprobado por todas las Fallas, sin que se entrometa o se inmiscuya el propio Ayuntamiento, tal como ocurre en algunos casos (por ejemplo en la ciudad donde resido, Torrent), sin ningún interés partidista. También una ventaja sería la de poder conseguir mejores precios a la hora de contratar servicios (pólvora, flor, etc), funcionando como una Cooperativa.

También sería la propia Federación la encargada de elegir el sistema de los jurados de todo tipo de Concursos, así como de Elecciones de FFMM, etc. De esta forma el sistema es más democrático y el Ayuntamiento a través de una Junta Local “Corporativa”, se encargaría de acompañar a las FFMM y sus Cortes de Honor en los actos más representativos, así como en representación en el exterior en otros municipios.

Es decir, el Ayuntamiento subvenciona a través de sus presupuestos la fiesta de las Fallas, como un Bien de Interés Cultural Inmaterial generado por la propia cultura que genera esta fiesta y deja al mismo tiempo que sean los propios falleros los que decidan “como” quieren que sea la fiesta, declarada recientemente como Patrimonio de la Humanidad.

Aún así las Fallas, sean OAM o Federación, siempre mantendrán su esencia característica, rodeada de polémicas, decisiones, alegrías y penas. Los altos cargos falleros siempre dependerán de las decisiones de los Presidentes, de sus propias Asambleas y como no, de las Fallas en general.

Y es que como yo siempre digo, en este mundo está casi todo inventado y es cuestión de “sota, caballo y rey” y el mundo de las fallas tampoco se libra de esto. Tan sólo es cuestión de hacer las cosas bien y con total naturalidad y siempre mirando por el bien colectivo fallero.

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